Esta historia la cuento más que todo para recalcar la importancia de mantener unas buenas relaciones públicas con clientes, suplidores y en nuestro caso, con los principales líderes de la Francofonía encabezados por la Embajada de Francia y la Alianza Francesa, ahora con el apoyo del Instituto de Francia y más involucrados que nunca las embajadas del resto de los países francófonos: Bélgica, Canadá, Suiza y los consulados de Haití, Líbano, Mónaco, Rumanía y Seychelles.
Desde los inicios de la LIBRERÍA FRANCESA en 1977 tuvimos por vocación lógica la difusión del libro francés, pero nos tomó un tiempo incluir a la Prensa Francesa, es decir, los periódicos LE MONDE y LE FIGARO así como las revistas semanales L'EXPRESS, LE POINT, LE NOUVEL OBSERVATEUR, PARIS MATCH y muchas otras mensuales o trimestrales de temas muy diversos.
Comenzamos la importación de esta prensa originalmente por vía marítima para reducir costos, como principal iniciativa de ese gran promotor de la cultura francesa que es Jean-Marie Delautier, entonces Agregado Pedagógico en la Embajada de Francia. Después de un tiempo y con la problemática de recibir la Prensa Francesa con un desface de más de un mes, comenzamos a importarla por vía aérea cuando se creó la enorme empresa N.M.P.P (Nuevos Mensajeros de la Prensa Parisina) bajo la dirección de otro excelente difusor y amigo que era Alain Sautel.
Durante 14 años importamos la PRENSA FRANCESA fluídamente todas las semanas con buen éxito y llegamos a tener 11 puntos de distribución en la Meseta Central.
Luego de esos 14 años sucedieron dos cosas simultáneamente: primero, el amistoso Alain Sautel pasó a retiro y en su lugar se designó a Chantal Panetta una hermosa y dinámica, pero arrogante y prepotente francoitaliana y segundo, llegó a Costa Rica el italiano Roberto Sisti quien creó una mediana empresa de distribución de prensa con 73 puntos en todo Costa Rica. Sisti me pidió cederle mi parte de la Prensa Francesa y como no llegamos a un acuerdo, se lo propuso directamente a N.M.P.P. Fue así como, con buenas razones de peso, Panetta nos envió una carta en la que daba por terminada nuestra relación comercial dándonos UN MES de preaviso. En seguida me asesoré con algunos amigos íntimos, con la Cámara de Comercio local y con la Cámara de Representantes de Casas Extranjeras. Todos me informaron que de acuerdo a las leyes locales, debía recibir una compensación monetaria equivalente a un mes de beneficio por cada año representado, es decir, 14 meses que represntaban aproximadamente US$80.000. Así se lo comuniqué a Panetta y me contestó que N.M.P.P. solamente respetaba las leyes de Francia: un mes de preaviso ¡Y punto!
Ante esa intransigente posición se lo comenté al Embajador de Francia de entonces Monsieur Pierre Boillot, muy buen amigo y el primer embajador de excelencia, quien inmediatamente llamó a Panetta para interceder. La bella chantal no solo mantuvo su posición sino que me llamó para amenazarnos con denunciar mi reclamo al Sindicato Nacional de la Edición con HACHETTE a la cabeza, nuestro principal suplidor de libros. Confieso que me entró una mezcla de depresión y de pánico en esos días.
Muy poco después el Embajador Boillot me invitó a una cena en su casa con un grupo de industriales franceses interesados en invertir en Costa Rica, con el Presidente de la Cámara de Comercio de París a la cabeza. El Embajador Boillot me conminó a redactar una carta para el líder del grupo y hasta me “sugirió” incluir algunos párrafos fuertes. En esa carta, que me tradujo en perfecto francés mi buen amigo Jean Pierre Bergoeing, antiguo Consejero Científico en la embajada, le expuse escuétamente el problema con N.M.P.P y terminaba diciendo: ”¿Cómo es que quieren traer inversionistas franceses a Costa Rica si no respetan las leyes de Costa Rica ni aceptan los consejos de su propia embajada?”...
La carta se la entregué al líder del grupo, quien la puso en su bolsillo y no la mencionamos en toda la noche. Ahí solo hubo risas, champagne, vino Saint-Émilion y langostas del Caribe.
Al día siguiente, con gran sorpresa, la linda Chantal me llamó para decirme que deseaba una arreglo amistoso...¿Qué pasó? No sé. Decidí aceptar finalmente US$20.000 (y mantener el punto principal de venta) con los que terminé mi casa y le compré un motor nuevo a mi bote. Motivo del próximo artículo, (Quizás).


Ramón A. Mena Moya, naturalista, librero/editor, empresario, nació en Santo Domingo, República Dominicana en 1938. Realizó estudios de Ingeniería Civil y Topográfica en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y de Alta Gerencia en la Universidad de Michigan EE.UU.