LibreriaFrancesa.net

21 de septiembre de 2011

NUESTRA CAUSA (artículo invitado)

por Enrique Castillo, Canciller de Costa Rica


Compartimos en un 100% y hacemos nuestro el sentir del nuevo Canciller de Costa Rica, Enrique Castillo, por lo demás nuestro amigo personal y cliente de la Francofonía.

Entre octubre y noviembre del año pasado, Costa Rica vivió una de las páginas más amargas de su historia reciente. Un país pacífico, democrático, sin ejército, que acoge con cariño y respeto a cientos de miles de sus hermanos, fue objeto de una infame violación que, por pequeño que sea el territorio ultrajado, no desmerita la gravedad del acto invasor.

Desde hace 153 años Costa Rica y Nicaragua han tenido y tienen acordada y definida su frontera terrestre, cuya demarcación en el campo, con la precisión y claridad cómo se realizó por parte de la Comisión de Demarcación, encabezada por el ingeniero y árbitro Edward Porter Alexander, hizo posible que por otros 113 años ambos países disfrutásemos de una frontera pacífica e indisputable, que además sirvió para que los órganos técnicos cartográficos de nuestros países apoyaran toda su cartografía oficial. Por la claridad y certeza de nuestra línea fronteriza, la ocupación del territorio costarricense en isla Portillos se convierte en un flagrante acto de violación de la soberanía e integridad territorial de Costa Rica.

No obstante, con el objeto de justificar una posición jurídica débil, nuestros vecinos consideraron pertinente sembrar la duda sobre la certeza de los límites, tergiversando no solo el texto de nuestros acuerdos fronterizos, sino reescribiendo además su propia historia cartográfica. Su estrategia consiste en deformar lo que decimos y hacemos. Esa es la situación en la que nos quieren poner y que defienden internacionalmente. Es en ese contexto en el que Costa Rica tiene que defenderse ante el máximo tribunal de derecho de las Naciones Unidas.

Lo hecho por Costa Rica. Es cierto que cada nueva administración, en una república democrática como la costarricense, se fija derroteros de política exterior que buscan avanzar la agenda de gestión pública que se considera más conveniente. Sin embargo, no puede quedar ninguna duda que la gestión de política exterior de Costa Rica en los últimos 50 años en el tema de defensa de la soberanía e integridad territorial ha sido consistente, independientemente del color político de la administración de turno. Esa consistencia se manifiesta en el rechazo inequívoco a toda y cualquier acción que ponga en peligro la integridad del territorio nacional.

Particularmente en el tema del dragado del río San Juan, Costa Rica asumió una posición clara de rechazo al dragado desde el 2006, porque tal y como fue anunciado por Nicaragua, este afectaría nuestros derechos. Esa oposición tiene su génesis en una decisión política, pero apoyada por los instrumentos que gobiernan el régimen fronterizo.

Igual que mis antecesores, y consistente con la posición del país, yo creo que Nicaragua puede realizar trabajos en el río San Juan, siempre y cuando exista garantía, a satisfacción de Costa Rica, de que tales trabajos no dañarán, ocuparán o afectarán el territorio nacional, sus ríos, o los derechos que Costa Rica posee en el río San Juan, o en su caso, en la bahía de San Juan del Norte.

He dicho que no había una regla que establezca que Costa Rica pueda oponerse al dragado por la oposición misma, pero no puede caber ninguna duda que nuestro país sí tiene un legítimo e indisputable derecho de oposición, debidamente reconocido por los instrumentos bilaterales y el Derecho Internacional, cuando se ponga en riesgo o se pueda afectar su territorio o sus derechos.

Por el contrario, Nicaragua intenta banalmente reescribir el Derecho Internacional y hacerle creer a la comunidad internacional que el derecho que pueda tener sobre el río San Juan la faculta no solo para dañar a Costa Rica, sino para alimentar la zozobra y la amenaza constante. A los costarricenses y a los miembros de la comunidad internacional, aseguro, sin ambigüedades, que Costa Rica no permitirá que la estabilidad de su frontera sea utilizada para juegos políticos o retóricos.

Me entristece mucho cuando escucho que algunas personas insinúan que los hechos acontecidos en isla Portillo son responsabilidad de la Cancillería. La culpa de las acciones de Nicaragua en la frontera es del Gobierno de Nicaragua, única y llanamente. Cada quien que ha ocupado la silla que hoy me honro en llenar, ha hecho los esfuerzos que ha estimado que son los necesarios a la luz de las realidades imperantes y de los desafíos que el débil sistema multilateral nos impone para proteger nuestra soberanía.

Es cierto que las acciones de unos y otros llevan un componente de estilo que es inherente a la personalidad que cada ser humano tiene, pero todos han hecho su mejor esfuerzo motivados por la causa de la patria, y ese es un hecho que debe ser defendido con vehemencia porque es la verdad.

Costa Rica continuará luchando y no claudicará en las medidas que ha tomado y que tenga que tomar para que quede completamente restablecido hasta el último centímetro cuadrado de nuestro territorio nacional.

A nuestros vecinos hacemos ver que somos un país de paz, que queremos la convivencia fraternal, y que nuestros pueblos esperan la restitución de los lazos que nos unen, pero tales aspiraciones solo pueden ser alcanzadas cuando haya genuinas e inequívocas muestras de respeto a los instrumentos que rigen nuestras relaciones y al fiel cumplimiento de las obligaciones que el Derecho Internacional nos impone compartir.

13 de septiembre de 2011

El Ave María de Schubert

Una de mis piezas musicales preferidas es esta AVE MARIA del gran austríaco Franz Schubert, introductor del Romantisismo, tanto instrumentada al piano, orquestada o cantada por un buen tenor lírico. Sus primeros acordes, sobre todo al piano me recuerdan el primer movimiento de la sonata Claro de Luna de Bethoveen. (Y que me perdone Jacques Sagot)...

Tengo muy gratos recuerdos de esta AVE MARIA de mi adolescencia y juventud. Pero el más memorable de todos ellos ocurrió no hace tanto: unos 14 años como veremos más tarde.

Muchísimos años antes que eso, conversaba "seriamente" con mi hija Rigel, entonces de nueve años. Y le puse la pregunta: "¿Qué piensas del matrimonio? ¿Con quién y cómo te gustaría casarte?" A esto me respondió dulcemente: "Papito, ¡yo nunca me casaré, pues siempre quiero estar contigo!" Es natural que la respuesta me emocionó mucho pero pude reprimir mis sentimientos para anunciarle: "Te apuesto a que un día te casarás y que yo te cantaré el AVE MARIA ese día"...

Nunca volvimos a tratar el tema, hasta que un día, muchos años después, mi hija me recordó mi promesa diciéndome: "Me caso dentro de un mes con Arturo Menesses y como me prometiste, quiero que me cantes el AVE MARIA en la ceremonia nupcial." Se me puso la carne de gallina al recordar mi oferta y ni corto ni perezoso al día siguiente me fui a tomar clases de canto con la exquisita contralto lírica profesora Yamileth González, a fin de hacer un papel decoroso. Tres semanas bastaron para pulir la pieza de Schubert. También ensayamos el AVE MARIA de Gounod pero esta última termina en difíciles agudos que no quería afrontar en un momento de tanta emoción. Así que cuando ya tenía a Schubert lijado y pulido, surgió un contratiempo: el pastor de la iglesia evangélica y ejecutor de la ceremonia religiosa se enteró de mi participación y se opuso alegando que "el AVE MARIA es una composición católica". Propuse entonces cambiar de pastor, cambiar de iglesia o lo que fuera con el propósito de realizar mi regalo. Hablé con mi amigo el pastor Alexis Cedeño quien opinó que era una tonta decisión de su colega. Alexis fue regañado por sus superiores y me trajo alternativas musicales "más apropiadas y tan hermosas como el AVE MARIA". Yo sentencié: "Si no me dejan entrar a la ceremonia me pararé en la puerta de la iglesia y cantaré a viva voz la prometida AVE MARIA." Hubo llantos, pleitos, y hasta amenazas de divorcio por mi posición tan "troglodita".

Finalmente, ante mi intransigencia, los superiores de la iglesia accedieron y pude llegar a cantar la hermosa composición. Inmediatamente antes de iniciar los acordes de la pista musical que traía, le pedí al pastor su propia biblia evangélica donde leí:

Lucas 1,26-28:
"Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de nombre José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo»".
Lucas 1,42:
"Y exclamando con gran voz, dijo: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno".

Con lo que demostraba que el AVE MARIA no era una composición estrictamente católica. Y seguidamente cumplí con mi promesa de tantísimos años, cantando con grata emoción el AVE MARIA de Schubert.

Y a propósito de Schubert, se dice que este se inspiró en un vaso de leche para componer su famosa Serenata: Una noche, habiendo dejado un vaso de leche sin tomar, soñó que el vaso le decía: "Hoy soy leche de Schubert; mañana SERE-NATA DE SCHUBERT"...
                               

6 de septiembre de 2011

POR QUÉ DEJÉ LA CACERÍA DEPORTIVA

Desde muy pequeño, alentado por mi madre, empecé a aficionarme a los animales. Paralelamente se inició en mí, un entusiasmo por las armas y la caza deportiva dirigido por mi padre. Dos actividades aparentemente contradictorias.

Durante muchos años me limité a la caza de aves, principalmente de palomas, y en menor grado la de codornices, gallinas de guinea, patos y aves acuáticas.

Una vez en Costa Rica (en 1974) indagué sobre la fauna silvestre; no encontré mucho. En los primeros días de mi llegada mis conocimientos se limitaron a que "la fauna de Costa Rica es más o menos igual a la del resto del continente". Mientras indagaba sobre la fauna local empezaron mis complicaciones. Oí nombres desconocidos de animales y vagas descripciones como manigordo (ocelote); garrobo (iguana); cherenga (guatuza); tepezcuintle (agutí); cuijen (paloma escamosa) y otros nombres que no había escuchado antes. Mi confusión se hizo mayor porque también oía nombres de animales que creía conocer pero que en el argot costarricense correspondían a otros diferentes, tales como zorro (zarigüella); tigre (jaguar); tigrillo (zorra gris); león (puma); perico ligero (oso perezoso); cabro (venado de montaña); lagarto (cocodrilo); perdiz (gallina de monte); perro de aguas (nutria); perro zompopo (iguanita); gallego (iguanoide); terciopelo (serpiente muy venenosa); etc...

Después de muchas cacerías, cientos de giras al campo, conocer cazadores, campesinos, biólogos y rebuscar enciclopedias del reino animal, reuní bastante información sobre la fauna de Costa Rica y aprendí a comprender mejor a los animales y hasta perderle el miedo a los grandes felinos y aún a las tan temibles serpientes venenosas. Todo eso me condujo a la publicación de mi primer libro en 1978 "FAUNA Y CAZA EN COSTA RICA" que constituyó el primer manual de animales mayores de Costa Rica (mamíferos, reptiles y aves mayores) aun con la desaprobación de biólogos, zoólogos y conservacionistas de la época, quienes aunque usaban este libro como referencia, lo subtitularon despectivamente como el libro "Qué matar en Costa Rica".

Al tratar de definir al cazador, el diccionario no me ayuda mucho: "Cazador-el que caza". La ley de conservación de la fauna silvestre consagra la caza como un arte. ¿Es en realidad la caza un arte, un deporte, una actividad científica, cultural, lucrativa, conservacionista, destructiva, o un medio de subsistencia? Dependiendo de los métodos y de los fines, la caza es todo eso.

José Ortega y Gasset, el gran filósofo español, define la caza como: "Lo que un animal hace para apoderarse de otro, vivo o muerto, que pertenece a una especie vitalmente inferior a la suya..." y agrega: "...Que la caza sea un deporte es indiferente a la caza, porque hay una caza puramente utilitaria que practicaba el hombre de la era paleolítica y que practica el cazador furtivo de todos las épocas. Ahora bien, esta caza, nada deportiva, no es menos caza que la otra."

Me gustaría ampliar el concepto del genial Ortega diciendo: "Lo que un animal hace para apoderarse de otro vivo o muerto, que pertenece a una especie o condición (edad, sexo, salud, etc...) vitalmente inferior a la suya". Porque sabemos que si bien el jaguar caza cocodrilos (especie vitalmente inferior), a su vez el cocodrilo caza jaguares jóvenes (condición vitalmente inferior). Además, cuando Ortega dice "apoderarse de otro vivo o muerto" quiere significar "capturar o matar" ya que la acción de apoderarse de un animal muerto no es caza como es el caso del zopilote (buitre) y su carroña. La definición de Ortega cabe perfectamente tanto a la caza que hacen los animales silvestres como la que hace el hombre independientemente de su fin.

Cuando conocí, gracias a mi libro "FAUNA Y CAZA EN COSTA RICA" al gran científico norteamericano Alexander Skutch, fue el inicio de una gran e insólita amistad: yo fui su único amigo cazador. Quise aprovechar esta amistad para intentar convencer a ese gran conservacionista de que la caza deportiva era una actividad buena y conveniente. Sin embargo, Skutch terminó convenciéndome a mí de lo contrario. Don Alexander fue vegetariano desde los 16 años y no por creerla una dieta saludable sino por compasión a los animales. "Yo no puedo permitir-decía- que un animal pierda la vida para alimentarme a mí." Aunque él estaba también en contra de esto, por lo menos, afirmaba, que los animales domésticos sufren muy poco cuando son sacrificados, mientras que una buena parte de los animales salvajes son heridos cayendo lejos del cazador, terminando en una muerte con sufrimiento y dolores indescriptibles. Eso terminó por decidirme a dejar la caza deportiva. Quizás valdría la pena contar próximamente mi relación con Alexander Skutch.