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26 de abril de 2011

¿TE ACUERDAS VÍCTOR?

A Víctor Cabral Amiama*

¡Santo Dios, hoy hace 60 años de eso! El 26 de abril de 1951 tú tenías 12 años y yo también. (¡Cómo me encantan los lectores que no saben sumar!...)

Recuerdo la fecha con precisión porque esa tarde se inauguraba el campeonato de Beisbol en Santo Domingo y mi papá me había invitado al partido inicial de nuestro equipo los Tigres azules del Licey en el estadio de la Escuela Normal Presidente Trujillo, donde años más tarde nos graduamos de bachilleres.

Esa madrugada nos levantamos a estudiar y a realizar con nuestro amigo Quico Peña las tareas que nos había impuesto el profesor Yáñez del Colegio Santo Tomás donde cursábamos el 7mo grado de Primaria, pero en lugar de estudiar nos fuimos en bicicleta al balneario de Güibia donde mi abuelo materno Gustavo Moya un día llegaría a ser Gerente. Tomamos nuestras bicicletas por la avenida George Washington por todo el malecón respirando aire puro con sabor a salitre del mar Caribe. Yo tenía una bici Raleigh aro 26 (crecedera) y la tuya algo más pequeña, una Rudge aro 24. Llegamos a Güibia como a las 9AM y programamos estar hasta las 11AM para regresar a tiempo para ir al estadio. Poco antes de las 10:00 tuve un accidente cuando me lancé de pies de la plataforma del trampolín mayor sin haberme dado cuenta que la marea había bajado e impacté fuertemente contra una roca de arrecife, habriéndome una gran herida en mi pie derecho. Con rudimentarios primeros auxilios me vendaron la herida con un pañuelo y Quico Peña, también de 12 años (y futuro Médico Fisiólogo) me recetó reposo de una hora.

Al cabo de esa hora el dolor iba in crescendo y ya no podía caminar ni tampoco pedalear la bici; así Víctor, que le diste tu bicicleta a tu hermano menor Pun y convinimos en que me condujeras en la barra de mi bici más grande. Así salimos hacia la casa, cuando te propuse regresar por la paralela avenida Independencia pues en la intersección de la calle Benito Monción, como a 20 metros al norte de la esquina vendían unos choco-chocos (dulces de leche en cuadritos con chocolate) deliciosos y baratos. Costaban un centavo c/u, de manera que compramos cuatro y nos fuimos en la bici comiéndolos a dos por cabeza. Lamentablemente, Víctor, tú no eras tan ducho en la bici como yo, así que al llegar otra vez a la avenida Independencia, la cruzaste perpendicularmente sin notar que venía en sentido contrario un automóvil con exagerada velocidad. Este al ver tu imprudencia frenó violentamente durante 35 metros (marcas de las llantas dejadas en el pavimento medidas posteriormente) y nos impactó con gran violencia:

¡PRACATANPLAM!

El bumper del carro placa oficial Nº 55 manejado por el menor de edad sin licencia Rafael Camejo, hijo de un Senador-congresista oficialista del mismo apellido, pegó en la parte baja de mi bici tirándote contra el parabrisas del carro Buick gris rompiéndolo con tu frente. (Siempre has sido un cabeza-dura Víctor), mientras que a mí me elevó no sé cuánto hacia arriba con una voltereta de circo que al caer de piés me ocasionó fracturas en ambos tobillos. Tuve también como tú lesiones en las rodillas y piernas por donde me impactó el vehículo y hasta recuerdo que a tí se te salió el líquido de una rodilla). Al despertar luego de algunos segundos de ascenso que creí al Cielo y ya en el suelo y al verte bañado en sangre desde la frente hasta la cintura, intenté pararme para auxiliarte, pero con los tobillos rotos me fui de nuevo al suelo. Fue Camejo quien nos auxilió y en el mismo carro Buick nos llevó a la clínica Abel González no muy lejos de allí. Como la herida causada en el balneario en mi pie derecho era fresca, pude convencer a los paramédicos y luego a mis padres que había sido parte del accidente con el automóvil, ocultando así el paseo al balneario en lugar de haber ido a estudiar...

Luego de que nos enyesaran y curaran ya con toda tu familia y la mía llorando juntas en coro, en Re bemol sobreagudo, me llevé instintivamente la mano a la boca para morder un choco-choco que nunca había soltado apretado en mi mano derecha y lo escupí con gran asco y desagrado: ¡Qué feo que sabe un choco-choco mezclado con tierra, sangre y susto!

*N. de R.

Víctor Cabral Amiama llegó a ser el responsable del éxito de catapultar el turismo en la República Dominicana. Posteriormente fue Vice-Ministro de Turismo en México. A Costa Rica vino como Presidente-Gerente del Hotel Real Intercontinetal y no hace mucho fue uno de los creadores del proyecto hotelero de playa dominicano Cap-Cana, donde ofreció de regalo una acción al ex-Presidente de Costa Rica Abel Pacheco, quien tuvo que devolverla bajo amenazas de corrupción. Hoy tiene su propio proyecto hotelero en la República Dominicana. 


19 de abril de 2011

LA FENÊTRE. Mi primer gran éxtito editorial


Nos encontrábamos en febrero de 1994. La LIBRERÍA FRANCESA estaba al punto de cumplir 17 años y aún no se consolidaba. La Oficina Pedagógica de la Embajada de Francia el Bureau Pédagogique funcionaba siempre con mucha actividad y era líder de una buena parte de los profesores de francés. Se desarrollaba CASI como un ente jurídico diferente a su embajada, sin serlo realmente. Han pasado varios Agregados Pedagógicos, todos por su formación, dinámicos y laboriosos, pero ninguno (además) tan amistoso ni tan en pro de una Librería Francesa como el siempre recordado por todos nosotros JeanMarrie Delautier.

En ese entonces en 1994 el Director de la Oficina Pedagógica era Jean-Claude Duthion, amistoso a la hora de tomar vino, pero distante y cortante en el trabajo.

Nos enteramos que Duthion contrata a la profesora Ligia Salas a quien conocíamos en el Colegio Lincoln*, para confeccionar un nuevo método de francés que ya titulaba como LA FENÊTRE (La ventana). El libro en cuestión estaba destinado a sustituir al método oficial BONNE ROUTE (Buena ruta) que importábamos de HACHETTE de París. Ni corto ni perezoso corrí a ofrecer y a firmar con la autora Ligia Salas un contrato de edición que nos garantizara la continuidad en la difusión del francés en la Enseñanza Secundaria. Pero tropezamos: al día siguiente Duthion, enterado del contrato, nos llamó para dictar que él era el editor del método y Ligia su empleada y nos conminó a anular el acuerdo a riesgo de despedirla. Como ninguno deseaba eso y en aras de mantener las buenas relaciones con todos acepté a regañadientes la anulación del contrato.

El primer día de marzo, un martes recuerdo, Duthion me visita diciendo que no pudo obtener crédito en ninguna imprenta para su método y decide permitir a que rehagamos el contrato a condición de que nosotros tengamos las facilidades de crédito, recordándonos que debe estar listo para la entrada a clases el próximo lunes 7 de marzo de 1994. ¡EN SEIS DÍAS!

No teníamos ni dinero ni crédito, pero un pequeño afiche que aún conservo proclamaba en inglés

WE THE WILLING...                              (NOSOTROS los voluntariosos...

WE HAVE DONE SU MUCH            NOSOTROS hemos hecho tanto

FOR SO LONG                                     por tanto tiempo

WITH SO LITTLE                                 con tan poco

WE ARE NOW QUALIFIED                que ya estamos calificados

TO DO ANYTHING                              para hacer cualquier cosa

WITH NOTHING .                                 sin nada.)


Corrimos ahora y en dos días visitamos todas las grandes imprentas de Costa Rica. Todas, incluyendo la gran Litografía LIL de mi vecino don Antonio Lehmann nos ofrecían entregar los 30.000 ejemplares desde 45 días hasta en dos meses. Lo que es peor: TODAS exigían 50% adelantado y 50% el día antes de entrega. Ahora faltan CUATRO días para la entrada a clases cuando pasa por mi puerta don Antonio Lehmann y siempre jovial me dice: “¿Qué le pasa don Ramón? ¿Por qué lo veo tan apesadumbrado?”- Le contesto: “Es que yo creía que usted tenía una imprenta de verdad y lo que tiene es un ”. Continúo diciéndole: Es que intenté imprimir este librito de francés y me dicen que no pueden entregármelo hasta dentro de 45 días. Molesto, me pidió el teléfono y llamó a su Gerente en la Imprenta LIL y le dijo: “Mario, estoy con mi amigo Ramón; nosotos podemos imprimir este libro en la nueva rotativa en cuatro días. Hágame el favor de recibir a don Ramón esta tarde y déle lo que el quiere”. Don Mario Salazar me recibió y me dijo: “Don Antonio está loco, es imposible hacer este libro en cuatro días, pero se lo entrego en díez días. ¿Me puede dar un 20% de adelanto por ser amigo de don Antonio?” Le respondí: Si me pide dos dólares no se los puedo dar pero yo le pago el 100% 15 días después de la entrega. Recordando la expresión de don Antonio “déle lo que él quiera” accedió a ofrecerme más bien 30 días de plazo. Para terminar el cuento corto, LA FENÊTRE se vendió como pan caliente y a los 15 días saldé el total del costo de impresión como había ofrecido. Desde entontes tengo con LIL el crédito que yo quiera.

*N. de R.
Del Colegio Lincoln tengo gratos recuerdos. En 1979 comenzaba a estudiar francés en la ALIANZA FRANCESA cuando la bibliotecaria me llamó para pedirme recomendación de un profesor de francés por unos 30 días. La profesora titular Ligia Salas se encontraba realizando un taller en Francia y su sustituta, una norteamericana a quien no recuerdo, estaba enferma. Necesitaba de ese dinerito extra, así que me ofrecí yo mismo como profesor. Y lo hice: ¡Con gran gusto y entusiasmo! (Pero sin saber entonces casi nada de francés)...


12 de abril de 2011

LAS VIEJAS FERIAS "FERCORI"

Resultaban todo un exitoso acontecimiento de publicidad y promoción aquellas ferias que exhibían los principales productos industriales costarricenses, los grandes importados y los servicios en general. Se trataba de la FERIA INTERNACIONAL DE COSTA RICA llamada popularmente FERCORI.

Esos eventos fueron creados por una dinámica empresaria Flor Carreras quien devino, probablemente gracias a sus sonados éxitos, en una arrogante ejecutiva que hacía palidecer a sus asitentes: su gentil hermana y ballerina Patricia, quien fue Vice-Ministra de Cultura y su propio padre. Pero debemos darle el mérito a Flor Carreras no solo por haber creado una importante feria de exhibición industrial, sino que fue la primer persona en remodelar la antigua Aduana, dando pie a que hoy se celebren allí importantes manifestaciones culturales incluyendo el gran suceso de la FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO de Costa Rica del año pasado 2010 y que este año de 2011 se celebrará del 12 al 20 de noviembre con FRANCIA como país invitado de honor conociendo ya que esta dedicatoria nos traerá importantes manifestaciones culturales de ese gran país líder y rico en su tradición de cultura y civilización.

Fue por iniciativa del también dinámico Monsieur Pierre Perès entonces Agregado Comercial de la Embajada de Francia que la LIBRERÍA FRANCESA obtuvo un pequeño stand gratuito en la primera FERCORI 1985 donde exhibiríamos un abanico de lo mejor de la industria y cultura francesas del momento.

Un incidente tragi-cómico me ocurrió en esa feria desarrollada en un gran recinto en el barrial de Heredia que ahora rememoro con nostálgico buen humor: me acompañaba en nuestro stand de la feria Iris Rodríguez, entrañable amiga desde que llegamos a Costa Rica en 1974. Mi esposa Krinilda se había quedado en la librería de San José con nuestro único automóvil. La comida en el lugar era pobre, grasienta y poco surtida, así que le pedí a Iris su atomóvil para salir del recinto en busca de algún restaurancito cercano con mejores ofertas gastronómicas. Iris me indicó dónde se encontraba su carrito en aquel parqueo para 600 automóviles, indicándome también que el comprobante del parqueo para la salida se encontraba debajo del parasol del asiento del conductor de su Toyotita Corolla modelo 1980 de color blanco. No me fue difícil ubicar su carrito con esas señas, así que abrí la puerta con la llave que me dio y lo encendí con la misma, pero al llegar a la puerta de salida no pude encontrar el comprobante donde me había indicado Iris, ni en ningún otro sitio del automóvil. Fue inútil tratar de convencer al guarda de que había extraviado el boleto y de que saldría por solo cinco minutos. Tuve que volver regañando a la dueña por el desliz y esta, algo contrariada, me invitó a acompañarla a su automóvil que ya yo había parqueado en el extremo opuesto donde lo había tomado. Al llegar a este, Iris se sorprendió exclamando: ¡Idiota, este no es mi carro! ¡El mío está allá donde te dije!...

Con el rabo entre las piernas fui al carro correcto donde naturalmente estaba el comprobante en el sitio señalado. Tomé ahora el Toyotita que era y me fui a ingerir un frugal almuercito, donde en ese momento y hasta ahora me he preguntado qué cara pondría el dueño del otro carrito cuando no lo encontró en su sitio en aquel gran parqueo...

5 de abril de 2011

TICOS

Artículo invitado por Abel Pacheco

N. de R. Parece un excelente complemento a nuestro artículo anterior titulado «Los gentilicios en español: ¡Qué enredo!»

Nuestros hermanos centroamericanos bautizaron "ticos" a los soldados costarricenses que junto a ellos combatían contra William Walker y su tropa filibustera en 1856. El vocablo gustó, pegó, y se hizo extensivo a todos nosotros, hijos e hijas de este suelo bendito.

Mucho les llamaba la atención a estos camaradas nuestra manera de hablar, y la manera original de aplicar los diminutivos parlatíquicamente. En otros países algo pequeño es algo chiquito, chiquitín, chiquitillo o chiquitito, pero nosotros decimos chiquitico y hasta acentuamos la calidad con chiquititico.

No se si esa costumbre fue traída desde algún remoto poblado español, o si nació de los primeros abuelos criollos, pero el caso es que "ticos" nos quedamos desde entonces y para siempre. Aquella heroica gesta sirvió para conocer a los otros centroamericanos, ya que aunque la sangre y la historia nos unen, la abrupta y casi intransitable geografía del istmo nos había mantenido separados. No era fácil transitar por la región en aquellos tiempos, con caminos que sólo eran trochas a través de tupidas selvas, chupadores pantanos, y escarpados precipicios. Cruzando ríos caudalosos y traicioneros y sin más compañía que fieras y alimañas.

Así pues, la noble guerra que nos confirmó como nación soberana, nos hizo superar la difícil geografía y conocer a nuestros hermanos y compañeros en el largo viaje por la historia y salir todos "bautizados", no sólo los hasta entonces "costarricas" y en adelante "ticos".

Los guatemaltecos habían considerado la norteña provincia de Chiapas como parte integral de su territorio, pero los chiapanecos decidieron separarse y unir su destino a México. Dolidos llegaron a combatir contra Walker por la reciente pérdida territorial nuestros hermanos, e imagino que compulsivamente hablaban con añoranza de Chiapas. De esa cabanga les nació el apodo de "chapines" para sécula seculorum.

A los valientes y aguerridos salvadoreños se les acusaba de quejarse de las jornadas, del rancho, del armamento, de cuanta cosa pasara, de modo que los llamaron "Guanacos", haciendo referencia a un ave de quejido quejumbroso.

Los hondureños venían capitaneados por dos gallardos militares, los hermanos Pedro y Florencio Xatruch, hijos de un inmigrante catalán. La gente decía al verlos venir: "¡Ahí vienen los Xatruches!", palabra que pasó a ser Xatraches, y finalmente catrachos, como hoy llamamos a los hondureños.

Lo de "nicas", es obvio que proviene de su patria Nicaragua, cuna y reino del cacique Nicarao en tiempos de la conquista. Así pues, de un aguerrido ejército nació el gentilicio para los y las habitantes de este pacífico país. De una tropa valiente, heroica y bendecida que, comandada por los inmensos Mora y Cañas, nos permitió sobrevivir como nación.