Desde muy pequeño, alentado por mi madre, empecé a aficionarme a los animales. Paralelamente se inició en mí, un entusiasmo por las armas y la caza deportiva dirigido por mi padre. Dos actividades aparentemente contradictorias.
Durante muchos años me limité a la caza de aves, principalmente de palomas, y en menor grado la de codornices, gallinas de guinea, patos y aves acuáticas.
Una vez en Costa Rica (en 1974) indagué sobre la fauna silvestre; no encontré mucho. En los primeros días de mi llegada mis conocimientos se limitaron a que "la fauna de Costa Rica es más o menos igual a la del resto del continente". Mientras indagaba sobre la fauna local empezaron mis complicaciones. Oí nombres desconocidos de animales y vagas descripciones como manigordo (ocelote); garrobo (iguana); cherenga (guatuza); tepezcuintle (agutí); cuijen (paloma escamosa) y otros nombres que no había escuchado antes. Mi confusión se hizo mayor porque también oía nombres de animales que creía conocer pero que en el argot costarricense correspondían a otros diferentes, tales como zorro (zarigüella); tigre (jaguar); tigrillo (zorra gris); león (puma); perico ligero (oso perezoso); cabro (venado de montaña); lagarto (cocodrilo); perdiz (gallina de monte); perro de aguas (nutria); perro zompopo (iguanita); gallego (iguanoide); terciopelo (serpiente muy venenosa); etc...
Después de muchas cacerías, cientos de giras al campo, conocer cazadores, campesinos, biólogos y rebuscar enciclopedias del reino animal, reuní bastante información sobre la fauna de Costa Rica y aprendí a comprender mejor a los animales y hasta perderle el miedo a los grandes felinos y aún a las tan temibles serpientes venenosas. Todo eso me condujo a la publicación de mi primer libro en 1978 "FAUNA Y CAZA EN COSTA RICA" que constituyó el primer manual de animales mayores de Costa Rica (mamíferos, reptiles y aves mayores) aun con la desaprobación de biólogos, zoólogos y conservacionistas de la época, quienes aunque usaban este libro como referencia, lo subtitularon despectivamente como el libro "Qué matar en Costa Rica".
Al tratar de definir al cazador, el diccionario no me ayuda mucho: "Cazador-el que caza". La ley de conservación de la fauna silvestre consagra la caza como un arte. ¿Es en realidad la caza un arte, un deporte, una actividad científica, cultural, lucrativa, conservacionista, destructiva, o un medio de subsistencia? Dependiendo de los métodos y de los fines, la caza es todo eso.
José Ortega y Gasset, el gran filósofo español, define la caza como: "Lo que un animal hace para apoderarse de otro, vivo o muerto, que pertenece a una especie vitalmente inferior a la suya..." y agrega: "...Que la caza sea un deporte es indiferente a la caza, porque hay una caza puramente utilitaria que practicaba el hombre de la era paleolítica y que practica el cazador furtivo de todos las épocas. Ahora bien, esta caza, nada deportiva, no es menos caza que la otra."
Me gustaría ampliar el concepto del genial Ortega diciendo: "Lo que un animal hace para apoderarse de otro vivo o muerto, que pertenece a una especie o condición (edad, sexo, salud, etc...) vitalmente inferior a la suya". Porque sabemos que si bien el jaguar caza cocodrilos (especie vitalmente inferior), a su vez el cocodrilo caza jaguares jóvenes (condición vitalmente inferior). Además, cuando Ortega dice "apoderarse de otro vivo o muerto" quiere significar "capturar o matar" ya que la acción de apoderarse de un animal muerto no es caza como es el caso del zopilote (buitre) y su carroña. La definición de Ortega cabe perfectamente tanto a la caza que hacen los animales silvestres como la que hace el hombre independientemente de su fin.
Cuando conocí, gracias a mi libro "FAUNA Y CAZA EN COSTA RICA" al gran científico norteamericano Alexander Skutch, fue el inicio de una gran e insólita amistad: yo fui su único amigo cazador. Quise aprovechar esta amistad para intentar convencer a ese gran conservacionista de que la caza deportiva era una actividad buena y conveniente. Sin embargo, Skutch terminó convenciéndome a mí de lo contrario. Don Alexander fue vegetariano desde los 16 años y no por creerla una dieta saludable sino por compasión a los animales. "Yo no puedo permitir-decía- que un animal pierda la vida para alimentarme a mí." Aunque él estaba también en contra de esto, por lo menos, afirmaba, que los animales domésticos sufren muy poco cuando son sacrificados, mientras que una buena parte de los animales salvajes son heridos cayendo lejos del cazador, terminando en una muerte con sufrimiento y dolores indescriptibles. Eso terminó por decidirme a dejar la caza deportiva. Quizás valdría la pena contar próximamente mi relación con Alexander Skutch.
6 de septiembre de 2011
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Ramón A. Mena Moya, naturalista, librero/editor, empresario, nació en Santo Domingo, República Dominicana en 1938. Realizó estudios de Ingeniería Civil y Topográfica en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y de Alta Gerencia en la Universidad de Michigan EE.UU.
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