El amor siempre es hermoso: el amor filial, el amor conyugal, el amor en la amistad, el amor al prójimo en general. Quiero hablar en especial del amor fraternal. ¡Qué dichosos los que tienen muchos hermanos! ¡Qué dichosos hasta los que tienen solo uno!
Mi madre tenía siete hermanos, todos muy unidos. Mi padre tuvo solo una hermana y durante casi todo el tiempo que los recuerdo estaban enemistados por culpa de una herencia. Y a mi hermana Raquel y a mí nos prohibía mi padre visitar la casa de nuestra tía que tenía cinco hijos que eran nuestros primos. Nosotros, sin embargo, los veíamos a escondidas con la complicidad de mi madre.
Durante esa relación tan incómoda yo me hice el propósito de no distanciarme nunca de mi única hermana por ningún motivo, mucho menos por dinero ni cosas materiales. Así fue durante toda nuestra relación hasta que terminó sus días en Costa Rica.
En una ocasión hace más de 25 años, durante un viaje de vacaciones navideñas a la República Dominicana que hicimos mi esposa Krinilda y yo, con nuestros hijos Rigel y Ramón Antonio jr., durante la fiesta de la Nochebuena nos enteramos que dos de esos cinco primos, la mayor de las mujeres, Matilde y el mayor de los varones Momón, estaban enemistados y asistirían por separado a la festi vidad. Decidí preparar un pequeño espectáculo para intentar reconciliarlos. Redacté una carta para que la Leyera mi hija Rigel en primera persona, (como si la hubiera escrito ella misma). Pedí entonces a todos su atención y anuncié que mis hijos tenían un mensaje importante que decirles a los presentes. Rigel, entoces de nueve años, se paró frente a todos con su hermanito de siete años, Ramón jr, y leyó el mensaje mientras ambos se mantenían abrazados.
Ya no tengo una copia de esa carta pero en ella se hablaba primero de la vieja enemistad de mi padre y su hermana y de mi promesa de no disgustarme nunca con mi única hermana. Igualmente Rigel prometía en esa carta que nunca se pelearía con su único hermano. Luego se dirigía a nuestros dos primos disgustados pidiéndoles reconciliarse para que siguieran compartiendo esta belleza que es el amor fraternal. Todos los presentes lloramos de la emoción y Matilde y Momón se abrazaron en ese cálido reencuentro navideño.
Ya no tengo a mi hermana, pero sí tantos amigos, con muchos de los cuales comparto un estrecho y real amor fraternal.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



Ramón A. Mena Moya, naturalista, librero/editor, empresario, nació en Santo Domingo, República Dominicana en 1938. Realizó estudios de Ingeniería Civil y Topográfica en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y de Alta Gerencia en la Universidad de Michigan EE.UU.
10 comentarios: