Nuestra querida Cámara del Libro se creó en 1978 unos meses después de que abriera al público nuestra librería. Mi ex socio Gilberto Dello Strollogo participó en la Asamblea constitutiva pero no quiso ser miembro fundador porque los miembros que la iniciaron eran "revisteros" (distribuidores de revistas); "plazistas" (vendedores de enciclopedias a plazos) y "saldistas" (vendedores de libros de saldo o de segunda). Prefiero no incluir en estas categoría a los "piratas" para no ofender a los de las tres catagorías anteriores. No participaron las grandes e importantes librerías de entonces: LEHMANN, UNIVERSAL, TREJOS ni otras más pequeñas, ni las grandes editoriales. Su primer presidente fue un revistero co-propietario de La Casa de las Revistas, Luis Fernando Calvo Fallas.
Luego de que a fin de 1978 adquiriéramos el 100% de nuestra empresita, entonces Librerías Italianas S.A., corrí a inscribirme como socio de la Cámara y desde entonces he velado como "fiscal autoadhonoremizado" de la Presidencia y su Junta Directiva.
Años después de reelecciones consecutivas del mismo Presidente-fundador y sin ver progresos en las acividades de la cámara, incluyendo pobretonas Ferias del Libro donde además de revistas, enciclopedias y saldos, por lo menos se incluían buenos libros españoles de las editoriales BLUME, POMAIRE y GRIJALBO. (No menciono otros excelentes libros porque eran los míos...), inicié junto al español Pedro Verdú una campaña para cambiar el presidente para atraer a los grandes libreros, incluso ofreciéndoles la presidencia a don Antonio Lehmann (rip) , a don Huber Federspiel (rip) y a don Agustín Trejos (rip), propietarios de las tres grandes librerías como incentivo para asociarse. No convencí a ninguno de postularse, pero me ofrecieron integrar sus empresas a la cámara a cambio de que se eligiera un presidente más "representativo" del libro.
Buscamos Verdú y yo por todos los rincones y aunque el mismo Pedro Verdú calificaba, decidimos que debía ser un residente permanente el elegido. Así fue como encontramos a don Luis Goicuría, quien aunque era un "plazista", inspiraba respeto en el medio peinando sus abundantes canas y anudando su permanente corbata y a quien no se le conocían tachas en el medio. Así logramos que los grandes libreros y editores ingresaran a la cámara comenzando así su fortalecimiento con miembros de mayor prestigio en el medio que los propios fundadores.
Pero la PRESIDENCIA de lo que sea parece tener un gusto especial que tiende a los nombrados querer perpetuarse en el poder y siempre anuncian el "sacrificio" de dejar todo por el bien común de los demás. Así pasa en los gobiernos, en empresas y en instituciones como esta semana en nuestra Asamblea Legislativa. No podía ser diferente en la Cámara Costarricense del Libro y Goicuría fue reelegido varias veces.
De nuevo, Pedro Verdú y yo iniciamos otra campaña para buscar un nuevo presidente más activo. Visitamos él y yo a todos los grandes de la edición y del libro en general para proponerles la presidencia. Todos alegaron estar demasiado ocupados para dedicarse a esa actividad y fue finalmente don Antonio Lehmann quien propuso: ¿Y por qué no usted, don Ramón?
Fue así como decidí tomar el "sacrificio de dejar todo por el beneficio de los demás"
...lo que contaré en el artículo del próximo martes.
3 de mayo de 2011
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Ramón A. Mena Moya, naturalista, librero/editor, empresario, nació en Santo Domingo, República Dominicana en 1938. Realizó estudios de Ingeniería Civil y Topográfica en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y de Alta Gerencia en la Universidad de Michigan EE.UU.
Felicidades Primo
ResponderSuprimirFreddy y Diana
RESPUESTA DE RAMÓN:
ResponderSuprimirMuchas gracias primos:
Pero la historia que estoy contando (de mi presidencia en la Cámara del Libro) transcurre en 1988, no ahora.
Salud
Don Ramón, usted siempre tan dinámico!!!
ResponderSuprimirSaludos,